¿POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL SALIR DE LA PROSTITUCIÓN?

translation: Vanessa Gutiérrez

 

De vez en cuando  me preguntan por qué es tan difícil salir de la prostitución. A mí me costó años, seguía volviendo a ella – y esto no ha sido únicamente en mi caso. Lo que hace que sea tan difícil dejarla es la complejidad de la situación. Cuando fui a un servicio de asesoramiento para pedir ayuda para dejarlo, me dijeron: “si no quieres hacer esto más, no vuelvas al burdel”. Pero no es tan sencillo.

La mayoría de prostitutas han tenido experiencias terribles con algún tipo de autoridad o instituciones públicas. De hecho, estas mismas instituciones posiblemente sean la razón por la que hay mujeres prostituidas, para empezar. Aquellas que, como yo, han aprendido lo fácil que es caer en el pozo a través del sistema social en Alemania,  saben dónde no ir en caso de necesitar ayuda. En mi caso, los servicios sociales dijeron que había huido de casa, no por ser víctima de violencia, sino porque simplemente “no recibía suficiente propina”. La ayuda que recibí, solo gracias a los esfuerzos de varias trabajadoras sociales comprometidas del centro de niñas, acabó demasiado pronto: se acaba en cuanto cumples 18 años.  Nadie tuvo en cuenta lo dura que es la situación para una adulta muy traumatizada, que no tiene contacto con sus padres ni apoyo y que no tiene un euro. En el centro había una niña que entró porque su padre la violaba repetidamente. El servicio de Juventud los obligó a sentarse uno frente al otro para una “confrontación”, para “hablarlo”. El padre lo admitió todo, pidió disculpas y los del Servicio de Juventud dijeron: “ahí lo tienes, se ha disculpado, no va a volver a hacerlo. Ya puedes volver a casa.” Estoy casi segura de que esa chica jamás volverá a pedir ayuda en una institución oficial. Todas estas oficinas, seguridad social, oficinas de becas estudiantiles (1), oficinas de empleo, de alojamiento… todas te dicen lo mismo: “no entra dentro de nuestra competencia”, y así están eternamente viendo tu solicitud sin solucionarla. “Si tus padres no firman la solicitud (2) será que has hecho algo malo. Siempre es culpa de la niña. ¿Has pensado en pedir disculpas a las autoridades?” La Oficina de Vivienda: “hemos estado procesando tu solicitud desde hace casi un año, ya te diremos algo. ¿Qué es esto, ya no puedes pagar el alquiler? Bueno, si ya no tienes un apartamento, no tienes derecho a respaldo financiero por nuestra parte, así que vamos a cancelar tu solicitud”. Conozco a prostitutas que quieren dejarlo, pero la oficina de empleo se niega a darles apoyo económico, o las amenazan con suspenderlas 3 meses de sueldo si terminan sus “contratos” con el burdel, ya que en realidad no están desempleadas. Otras quieren dejarlo pero no reciben el subsidio de desempleo que les corresponde porque la Oficina de Empleo dice que tienen algún negocio en secreto en el mundo de la prostitución y por tanto reciben ingresos – una suma completamente imaginaria basada en pura fantasía, calculada de modo que así se reduzca el pago del subsidio.

Quienes acaban en la prostitución luego siguen en ella porque este tipo de cosas no se deben a “una decisión libre” sino a una decisión entre dos alternativas (o te mueres de hambre/vives en la calle, o te prostituyes) he ahí el dilema.

Los centros de apoyo y asesoramiento para salir de la prostitución en Alemania no siempre están del lado de la mujer prostituída. Mimikry (un centro de asesoramiento para mujeres en prostitución) celebró su aniversario en Munich con la dueña de una agencia de señoritas de compañía, Stephanie Klee, así que apoyan a los explotadores del gremio. El director de la oficina de Salud Pública de Dresde, que también dirige el centro de asesoramiento, aparece a menudo como ponente en eventos a favor de la prostitución y glorifica la misma como una gran oferta para los puteros, con o sin discapacidad. Kassandra, de Nüremberg, sostiene que la violencia en la prostitución es infrecuente y que las prostitutas no deben ser llamadas “grupo en riesgo”, pues esto las estigmatiza y las expone a la violencia. Dice esto mientras solo en Alemania más de 70 prostitutas han sido asesinadas desde la legalización de la Prostitución de 2002. La mayoría de estos centros hablan de “trabajo sexual” y tienen más que ver con entrar en la prostitución que con salir de ella (como Hydra en Berlín) y sostienen que el mayor problema al que se enfrentan las prostitutas es el “estigma” y no el “trabajo” en sí. Conozco a mujeres que han llegado a alguno de estos centros y les han dicho que el problema no era el trabajo sino ellas, y que por qué no se reorientaban a sí mismas dentro de la prostitución. ¿Cómo puede ser “acompañante” o “sadomasoquismo” una opción? Vete a uno de estos centros y no solo te negarán ayuda, sino que además te harán avergonzarte.

Otro problema es la falta de alternativas. La situación laboral en Alemania no es color de rosa. Es muy difícil trabajar para aquellos que tienen antecedentes relacionados con alguna falta en el contexto de la prostitución (por ejemplo, no respetar las zonas reguladas mientras están “trabajando”, drogas…) o vacíos en el CV que no se pueden rellenar ni con la mejor imaginación. Aparte de eso, las mujeres que pasan años en la prostitución no tienen experiencia laboral o tienen muy poca y a veces ni siquiera tienen formación profesional. Así pues, los trabajos que les ofrecen son los de máximas horas y mínimo salario. Cuando alguien ha dejado la prostitución recientemente, normalmente tiene que lidiar con los desórdenes psicológicos consecuencia del trauma, normalmente estrés postraumático. Y eso significa que puede que no duren mucho en el nuevo trabajo. Y si resulta que no tienes dinero, al final haces lo que sabes y puedes hacer, y vuelves a “trabajar”. Ni una sola prostituta que conozco tiene la confianza suficiente para solicitar empleos apropiados.

También está el trauma. La mayoría de prostitutas sufre desorden de estrés postraumáticos, del mismo tipo que sufren las víctimas de tortura. Sufren de ansiedad, falta de autoconfianza, comportamiento obsesivo, por ejemplo, lavarse compulsivamente o rituales repetitivos y sin sentido que se supone que les dan seguridad (tengo que tocar madera cuando tengo malos pensamientos, y los tengo a menudo. Cuando no puedo tocar madera, tengo un ataque de pánico. Sé que puede parecer una locura y que no sirve de nada, pero no puedo evitar hacerlo).

Cuando pasé de trabajar en un burdel a ser acompañante, no estaba acostumbrada a salir durante el día. No soportaba la luz del día, igual que muchas de nosotras. Alguien cuyos límites han sido violados diariamente a todas horas, puede que no sea capaz de estar con otra gente, porque, de algún modo, su sistema de alarma interno siempre está alerta: “¡cuidado, ahí viene un hombre!”. No quiero empezar a contar aquí lo que supone estar en la calle y que te empiecen los síntomas o tener flashbacks. Las pesadillas y los desórdenes del sueño te agotan. Es casi imposible guardar las apariencias y llevar una “vida normal”. Te sientes “distinta” a los demás, inferior, más herida. Rota. La gente te da miedo, y “los normales” más que nadie, porque son lo que tú no puedes ser: sin preocupaciones, sin heridas, sin miedos. Todo. Bien. De buen humor. Para sobrevivir a la prostitución tienes que separar tu conciencia de tu cuerpo, disociar. El problema es que no puedes revertirlo después. Tu cuerpo sigue sin contactar con tu alma, con tu psique. Sientes que no eres tú misma. Me costó años aprender que a veces, lo que siento es hambre y que esto significa que debes comer algo. O que eso que experimento es que tengo frío, y entonces debo abrigarme. Es agotador aprender, o reaprender, que tu cuerpo tiene sus necesidades, sentirlas, y es aún más agotador cuidar de ti misma. A no volver a tratarte como una mierda. A dormir cuando estás cansada, porque no estás 24 horas en un burdel esperando al próximo cliente. Que no tienes que pasar frío por estar prostituyéndote en la calle y la temperatura está bajo cero. Que puedes cambiar las situaciones que te hacen daño en lugar de eliminar el daño a base de drogas o alcohol. Pero no te libras del trauma tan fácilmente, te acostumbras a él. Este fenómeno se llama “trauma de apego”, y es la razón por la que las mujeres maltratadas por sus maridos siguen con ellos. Las situaciones traumáticas pueden ser adicticas porque liberas una enorme cantidad de adrenalina, y esta es adictiva en sí misma. Igualmente, las situaciones violentas son bien conocidas para aquellas que han estado prostituidas. Lo aprendí desde que era niña: el lugar que me da miedo, donde me hieren, donde me degradan, es el lugar al que pertenezco. Es mi hogar. Por eso, todavía hoy, aún me cuesta manejarme en las situaciones de peligro y tardo en decidir si luchar contra él o huir. Este tipo de situaciones son una mierda, pero me suenan, las conozco. Las situaciones en las que la gente es amable conmigo, no me grita, no me pega, no abusa de mí, me dan miedo. Me siento inferior. Mi interior me dice: “algo malo pasa aquí, es extraño”. La prostitución es como autoinfligirte daño. No, la prostitución ES autoinfligirte daño.

Las adicciones son otro obstáculo para salir. Muchas prostitutas se insensibilizan a base de drogas, alcohol, cigarros, porque esa es la única forma de funcionar. Esto desarrolla una dinámica y pronto te encuentras con un problema de adicción con el que tienes que lidiar.

Es difícil encontrar una terapia para exprostitutas. Hace falta tiempo y valor para ir a terapia, y más aún cuando muchos terapeutas, hombres y mujeres, no aceptan que la prostitución es violencia (escribiré un texto sobre la terapia algún día).

Igual que los terapeutas, a toda la sociedad le cuesta reconocer que la prostitución es dañina, no solo para la sociedad, sino para cada prostituta. Salir de la prostitución cuando lo que se ve “desde fuera” es que es algo completamente normal, que se puede anunciar en vallas publicitarias en calles principales, cuyos anuncios te dejan en el parabrisas, cuando los artículos que hablan del tema nos llaman “trabajadoras sexuales”, “gente que ofrece servicios sexuales”, cuando a menudo te encuentras con textos que minimizan o incluso le dan bombo… todo eso te afecta. Por no hablar de la gente que siente la necesidad de llamar a las exprostitutas que se atreven a hablar “sucias putas”, “cazafortunas”, “con ganas de dinero” o “de mala vida” y escribirlo justo debajo de los artículos que estas mujeres han escrito o de las entrevistas en las que han hablado. Salir y que te digan que esto ha sido “culpa tuya”, que “has tomado malas decisiones”, o que estás mintiendo, significa que puede que sigas en la prostitución porque te degradan totalmente.

La percepción de una misma y una autoestima extremadamente baja aíslan a la mayoría de las prostitutas de su entorno de no-prostitución. Tras pasar años en ese ambiente, la mayoría de las prostitutas se conocen entre ellas. Es como un mundo paralelo. Y algunas veces, este te parece que es “el mundo real”. Porque no tienes ni un ápice de confianza en el ser humano y mucho menos en los hombres. Sabes, porque lo has experimentado en tu propio cuerpo, lo que son capaces de hacer y por tanto sabes lo que significa esa fachada de “desde fuera”, porque los puteros no solo existen en este mundo paralelo, también en el “mundo normal”. Solo que en el mundo normal lo que ocurre es que te hacen avergonzarte de ser una (ex) prostituta, y no solo los puteros, sino otros, mientras que los puteros no solo no se avergüenzan sino que ni les importa. Así que es casi mejor que sigas en la prostitución: en comparación con otros lugares, al menos parece un sitio algo honesto, la violencia contra el dinero, todo el mundo sabe lo que haces, todo el mundo hace lo mismo, todos conocemos las normas y los mecanismos.

Ninguna prostituta, ni siquiera las alemanas, NO sería puesta bajo presión si intenta cambiar de club o dejar el burdel. El cliente habitual tiene que comprarte. Una colega alemana que quiso desaparecer del burdel tuvo al dueño del mismo pegado a sus talones durante un año entero. Le rajó las ruedas, se coló dentro de su apartamento, amenazó a su novio, le contó a sus padres lo que había hecho por dinero. Solo la dejó en paz después de que ella le pagara 3.000 euros (esta cantidad se conoce eufemísticamente como “deudas en las que incurre la prostituta”. Lo que significa en realidad es: castigo por llegar tarde, por no ordenar la habitación, por no aceptar a un cliente, “faltas de asistencia”, alquiler de la habitación, incluso aunque no la hubiera usado por esta enferma, etc.) Y no hablemos de los “novios” de las mujeres prostituidas, que también sacan provecho de su “trabajo”.

En todo esto no he tenido en cuenta a las prostitutas extranjeras, a las que no hablan alemán, que solo conocen la policía corrupta de su país (y aquí en mi país no estoy segura de que la policía se libre de esto…) que, en teoría, no tienen derecho a subsidios sociales en mi país, que no tienen seguridad social, que son llevadas de un burdel a otro en distintas ciudades cada semana y que no saben ni siquiera dónde están.

Y aunque lo supieran, ¿a quién le van a pedir ayuda?

El estado alemán no te da ninguna ayuda. Deja la financiación de la “Ley de Protección de las Prostitutas” en manos de los municipios, lo que asegura que los puteros tengan la posibilidad de seguir de algún modo haciendo sus travesuras. El estado cobra impuestos de estas travesuras y se beneficia.

Y esto, de hecho, nos hace plantearnos si el estado tiene el más mínimo interés en prevenir a las mujeres y niñas para que no acaben prostituidas, o en ayudar a las prostitutas a dejarlo. ¡NO PUEDE SER que ese sea su objetivo!

 

Huschke Mau

 

  1. En Alemania, los estudiantes de familias con renta baja tienen derecho a un préstamo del estado para cubrir sus gastos. Es un préstamo que se tiene que devolver una vez que el estudiante ya tenga trabajo, pero a un interés reducido y tiene unas condiciones especiales si el estudiante tiene hijos o algún familiar cercano del que cuidar. Al mismo tiempo, la burocracia lo ralentiza todo, y este retraso pone a los estudiantes en riesgo.
  2. Los padres tienen que firmar la solicitud como reconocimiento de sus ingresos, para que los estudiantes reciban este préstamo. Las autoridades pueden obligar a los padres a firmar, pero los estudiantes tienen que saber a qué autoridades dirigirse, y estas tienen que tener la voluntad de conseguir que firmen.

¿Qué significa solidaridad hacia las prostituidas?

Traducción: Adriana Zaborskyj

Desde hace días me asalta la pregunta de cómo puedo expresar lo que es para mí la solidaridad hacia las prostituidas. La razón es la Ley de Protección a las Prostitutas, que viene este verano y su consiguiente obligación de darse de alta.

Lo digo desde el principio: si alguna vez tuviera que volver a prostituirme porque estuviera en una situación de emergencia de la que no pudiera salir, no me daría de alta. Me cortaría la mano derecha antes de hacerlo.

He hablado extensamente sobre el requisito del registro (así como sobre la obligatoriedad del asesoramiento y del uso del condón) porque la introducción del modelo nórdico, con su sanción para los puteros, ni siquiera se ha tomado en serio en el debate en Alemania como yo lo hubiera deseado. Pero también, porque la obligatoriedad de darse de alta para las prostituidas extranjeras, que vienen de casas pobres y tienen que “trabajar” aquí, y para el actual 70% a 90% de todas las prostituidas, significaría una mejora de su estatus actual en comparación con su estatus anterior. La obligatoriedad de darse de alta posibilita, no sólo poder saber dónde se encuentran actualmente estas mujeres, es también una protección para aquellas que “desaparecen” porque ya no pueden seguir siendo “usadas”, están demasiado destruidas o se han resistido. También posibilita que las prostituidas extranjeras, que han “trabajado” aquí y han pagado impuestos (pues se ve que el estado alemán diligentemente se beneficia comercialmente del abuso sexual de mujeres), además de tener obligaciones tributarias, finalmente se les concedan algunos derechos: por ejemplo tener el derecho a la seguridad social que les posibilitaría salir de su situación de prostitución. Esto es importante. Lo que nosotras las abolicionistas hemos logrado ha sido correcto e importante, pero sin embargo hay un PERO y ese PERO es gigante.

Siempre he dicho que comprendo bien a las prostituidas alemanas que están en contra de la obligatoriedad de darse de alta y que odian todo lo que tenga que ver con las autoridades. Nunca olvidaré cuan apartada de la sociedad, criminalizada y sin derechos me sentía cuando tenía que prostituirme. Entiendo muchas de las demandas de las prostituidas alemanas, aún cuando se llamen a sí mismas “trabajadoras sexuales” (por ejemplo la petición de ser dejadas en paz por el estado). Yo también lo habría querido. En una situación en la que, para la mayoría de las mujeres prostituidas, ha significado no tener más opción que la de prostituirse, no hay nada más comprensible que el deseo de, por lo menos, en una situación de mierda como esa, no tener que adicionalmente ser acosada con esa basura represiva, siendo que el mismo estado, en la mayoría de los casos, les ha abandonado (falta de intervención en el maltrato infantil, falta de atención para las víctimas de violencia sexual, falta de condenas en casos de violación, persecución negligente de la violencia doméstica, la prostitución forzada, el abuso, la coerción, etc., sanción económica para las mujeres que se separan de los hombres, una degradación del nivel social y financiero para las madres solteras, etc.). Recuerdo una vez, en un piso burdel, cuando tuvimos una visita de la policía: ellos sentados en la cocina, donde procedieron a revisar nuestra documentación y nos informaron que por nuestra actividad deberíamos pagar impuestos. Todo eso, mientras nosotras estábamos de pie en ropa interior, aturdidas, demacradas, a mi compañera se le veían en el abdomen los moratones (causadas por el dueño del burdel) y yo con 19 años siendo “guiada y capacitada” por un policía acerca de la prostitución (ahora sé que debido a mi edad aplicaba el castigo por trata de personas), en medio de dos perros de combate gigantes del dueño del burdel y al lado del administrador que nos controlaba.

La segunda vez que tuve una visita, esta vez de la policía estatal, querían saber si con las filmaciones hechas por el jefe del burdel, había sido chantajeado alguno de los “clientes” (había cámaras en el pasillo y después me enteré que en las habitaciones también). No se les ocurrió pensar que las cámaras estaban allí para controlarnos a nosotras (para saber el número de “clientes”) y para extorsionarnos a nosotras (las grabaciones de lo que pasaba en las habitaciones fueron hechas sin nuestro consentimiento). Por supuesto, no llegaron a estas conclusiones o hicieron como si no fueran  relevantes.

Esto es lo que le interesa al estado alemán: los impuestos y que todo se ejecute sin problemas. El estado no te pregunta: ¿estás voluntariamente aquí?, ¿necesitas ayuda? o ¿quieres hablar con nosotros sin estos tipos como armarios a tu lado?, ¿quieres salir de aquí?, y si es así, ¿qué necesitas para poder hacerlo?.

Este estado es patriarcal y si puede seguir explotando financiera y sexualmente a las mujeres afectadas lo va a hacer. Es una maravilla poder ver que el estado ahora usa la obligatoriedad del alta en la seguridad social para enviar cualquier alta inmediatamente a la oficina de impuestos y asegurarse un pedazo del pastel.

Si alguna vez tuviera que volver a prostituirme no cumpliría con tal requerimiento. Yo apoyaba la obligatoriedad de darse de alta porque en aquel momento era todo lo que podíamos recibir y porque la seguridad social, y con ella una posibilidad de salida, era todo lo que había para las prostituidas extranjeras, era mejor que nada, y porque me parecía más importante comparado con las preocupaciones de las prostituidas alemanas (que ahora tienen que bregar con las autoridades). Sin embargo me queda un sabor amargo.

Porque incluso resulta traumática la sensación de seguir estando apartada de la sociedad PERO al mismo tiempo estar siendo obligada (por las circunstancias, por ejemplo) y castigada por ello; estar siendo controlada y teniendo que pagar (impuestos) para poder sobrevivir; estar siendo, al mismo tiempo, abandonada por el estado PERO tratada de forma represiva; tener en realidad dos proxenetas, uno un tipo y el otro el estado. Tener miedo de las autoridades y de las instituciones del estado es algo muy extendido no solamente entre la gente pobre o los refugiados, sino también entre las prostituidas. Aún ahora, sufro con la horrible sensación de no poder reclamar algo a lo que tengo derecho. Me veo predispuesta a ver a las instituciones estatales como enemigas y a que me den medios infartos cada vez que recibo una carta de una autoridad.

Son comprensibles las demandas de las prostituidas alemanas, frente las cuales el estado se mantiene lejos. Me molesta cuando se piensa en las prostituidas alemanas como si fueran prostituidas voluntarias y como si pudieran salir de ello en cualquier momento sólo con quererlo. No hay solamente “prostituidas forzadas extranjeras”, por una parte, y “prostituidas voluntarias alemanas” por la otra. El 90% de todas las prostituidas quieren salir de la prostitución, mejor ahora que mañana, pero tampoco significa que al 10% restante se le pueda reprochar que apoyan el patriarcado o que son sus cómplices (y tampoco es que ese 10% esté constituido exclusivamente por mujeres alemanas). Quien tenga una visión en blanco y negro, haciendo la división entre prostituidas extranjeras, prostituidas raptadas, prostituidas forzadas encadenadas en un sótano y, como opuesto, prostituidas alemanas voluntarias, lo hace a la ligera. Y quien además llame a este último grupo “putas”, por hacerlo libremente, no está de mi lado. No es solidario con las prostituidas, para mi es solamente una cosa: un enemigo de las mujeres. Pues si una de nosotras es una “puta” entonces todas lo somos, y también lo son aquellas mujeres no prostituidas. La división de las mujeres en “mujeres honorables” y “putas” es básicamente patriarcal y no quiero que las mujeres lo vean como algo normal y lo asuman así para avergonzar a una parte de las mujeres prostituidas por lo que hacen.
Hay dueñas de burdeles y de negocios de este tipo que se han organizado bajo el pretexto de “sindicato de putas” (BSD / BesD,siglas de asociaciones alemanas de prostitutas) y que se ponen del lado de los derechos de los proxenetas y no hablan para nada en defensa de las prostituidas sencillamente porque se lucran de su abuso. Por lo tanto es lógico que estén en contra de la obligatoriedad del uso del condón y de elevar la edad mínima a los 21 años para el ejercicio de la prostitución. A estas personas pertenecen los llamados “administradores“ (explotadores) y de ellos son los ecos de los aplausos que hacen temblar las paredes.
Pero ellas no son “putas”.

Y ninguna de las llamadas “trabajadores sexuales” es una “puta”.
Y ninguna de las que lo hace libre y voluntariamente es una “puta”

En los primeros años, dicho sea de paso, yo también dije que lo hacía libre y voluntariamente porque la violencia de la que fui objeto me parecía normal. El abuso sexual era para mí sexo normal. La única solución (la prostitución) para mi precaria situación ERA al menos eso: una solución.

Cada una de nosotras las prostituidas tiene sus razones para lo que hace. No se debe jamás, bajo ninguna circunstancia señalar a ninguna de nosotras por hacer lo que hace.

En los comentarios (de Facebook) sobre un artículo de la revista VICE (“10 preguntas que no te atreverías a hacerle a una trabajadora sexual”) se dice que esa mujer apoya al patriarcado y que es tan inescrupulosa hacia otras prostituidas que enferma. Ella no es una explotadora que no haya tenido que poner su propio culo. Esta mujer también debe tener razones para su prostitución (y para dejarse torturar por dinero, dejarse insultar y dejarse inflingir dolor). No porque no nos presentó tales razones impresas en su camiseta no significa que no las tenga. No quiero decir que las mujeres tengan que justificarse por eso. No recriminamos a las mujeres que llegan a las casas de acogida para mujeres maltratadas y que luego vuelven con su maltratador porque apoyan así al patriarcado, o a las mujeres que no denuncian el abuso sexual o que hacen prácticas sexuales sado masoquistas. Siempre está bien tener en cuenta en qué estructuras se desarrollan este tipo de cosas. Pero lo que nunca está bien es responsabilizar a la mujer por tales estructuras y avergonzarla por aquello que la motiva internamente o que la obliga.

La prostitución es violencia y es una parte de la guerra contra las mujeres. En la guerra todo el mundo tiene las manos sucias. Visto así, yo también soy culpable y cómplice pues a mí llegaron hombres que querían perder su virginidad. Yo les dejé claro que necesitaba el dinero, pero con esto también les mostré que era perfectamente correcto y una linda experiencia ir donde una prostituida, y seguramente posibilité que lo repitieran. Dije por supuesto lo que ellos querían escuchar, que yo mi “hobby lo volví una profesión” (al pensar en esto ahora podría vomitar), es lo que se llama vinculación de clientes habituales y quizás ellos lo crean y lo generalicen con otras prostituidas. Visto de esta manera soy la victimaria para aquellas prostituidas a las que este putero les tendría que pagar después de mi. Pero no fue con mala intención, conscientemente o a pesar de tener otra alternativa, pues no tenía otra opción. A las mujeres no prostituidas que me señalan con el dedo les preguntaría con qué tipo de comportamientos apoyan al patriarcado, inclusive diariamente (¿haciéndo la vista gorda ante consumo de pornografía del hombre?, ¿no diciendo nada ante chistes sexistas de los amigos?, ¿no evitando ponerse tacones, a pesar de que duelen ya los pies, sólo porque una mujer debe verse siempre guapa?, ¿rasurarse la vagina porque los señores adictos al porno prefieren ver un coño que les recuerde a una chica prepúber?, ¿comprar cosas a una empresa que usa publicidad sexista?). No podemos culpar seriamente a las mujeres que se mueven dentro de tales estructuras por no moverse dentro de ellas sin llegar a ser tocadas.

Y es por esto que el abolicionismo es el primer paso no sólo para que las mujeres no TENGAN que prostituirse, sino también para que les sea PERMITIDO.
TODAS las madres solteras que viven de la seguridad social tienen derecho a prostituirse, sin registrarse y sin pagar impuestos.

Toda mujer tiene el derecho a prostituirse si cree que TIENE QUE  (en la mayoría de los casos no hay una “decisión” sino que no hay “ninguna otra opción”) porque se mueve en unas estructuras que (supuestamente) no le dan otra alternativa, ya que tiene hambre, conflictos psicológicos, traumas no resueltos o si cree que es divertido (aunque se descubra luego que al tomar esta decisión ya estaba condicionada por la violencia). Pero lo que no podemos olvidar nunca, absolutamente nunca, es que el abolicionismo NO aboga por prohibir la prostitución a las prostituidas, sino que aboga para que trabajen en condiciones en las que no estén en situación de “necesidad de hacerlo” y, sobre todo, castigar a quienes sacan provecho de la prostitución. Estos son: el estado, los dueños de los burdeles, los proxenetas y los puteros, y evitar la explotación futura.

Sí, las prostituidas alemanas tienen algunos privilegios en comparación con las extranjeras (hablan alemán y tienen seguro médico, por dar un ejemplo), pero esto no significa que haya que recriminárselos. Después de un año de haberme prostituido llegué a tal punto que era una sin techo (había vivido en el burdel), suicida y drogadicta. Y sólo porque hay y hubo mujeres a las que les había tocado peor que a mi, no significa que lo mio era estar bien, que yo tenía libre elección y que todo era maravilloso. Así como me fue a mi les fue y les va a muchas prostituidas.

Me duele el corazón cuando pienso que ahora todas la mujeres que tienen que sobrevivir de la seguridad social (y que quizás tienen niños que también deben sobrevivir) y quienes, naturalmente, no se pueden dar de alta, son extorsionables (y los queridos puteros sabrán aprovecharlo). Es terrible que la próxima Ley de Protección a las Prostitutas sólo nos dejó la elección de tener derechos básicos (servicios sociales y posibilidad de salida de la prostitución) para un grupo proporcionalmente mayor a costa de otro grupo de prostituidas con problemas con las autoridades, problemas que manifestamos y que no pueden ser ignorados. Es repugnante que un grupo marginado sea puesto en contra de otro también marginado y que una situación de mierda tenga que ser comparada con otra, que quizás sólo dentro de tal comparación resulte ser menos “de mierda”, pero que, en general, es suficientemente de mierda como para causar traumas, dependencia de sustancias, aislamiento y pobreza.

La próxima Ley de Protección a las Prostitutas, que por cierto no merece su nombre, no puede hacer nada, no lo hará nunca y no será otra cosa que una solución a medias. Era lo que podíamos obtener. Si no hubiéramos luchado, habría sido aún peor, una ley aún más amigable con los explotadores, más amigable con los puteros, más amigable con los proxenetas. Pero no será lo último por lo que peleemos, no puede ser la última batalla.

No olvidaré que al final de todo soy una prostituida, que quizás, quién sabe, AHORA no tiene que “trabajar”. No olvidaré cómo se deletrea la palabra represión, no olvidaré que todas nosotras, las prostituidas, ya sea obligadas por las condiciones o por un proxeneta, hacemos y hemos hecho lo mismo y, sobre todo, no olvidaré quiénes son los perpetradores: el estado, los dueños de los burdeles, los proxenetas, los puteros y todos los hombres que al final se benefician de la prostitución, y tampoco olvidaré a qué cambio de perspectiva pongo mi atención: el modelo nórdico.

ESTO significa para mi solidaridad hacia las prostituidas.

© Huschke Mau

El putero. Por qué los hombres buscan mujeres prostituidas y qué piensan de ellas.

Traducción: Adriana Zaborskyj
Texto original: http://kritischeperspektive.com/kp/2016-34-der-freier/

Nota: “El putero” se designa en alemán con la expresión “der Freier” que significa „el pretendiente” o “el que está libre“.

Al lado de mi escritorio hay una caja en la que guardo los malos recuerdos. Cada vez que tengo un Flashback o un “pensamiento intrusivo” lo escribo rápidamente en un papel, lo meto en la caja y cierro la tapa. La caja está prácticamente llena. Hoy he removido algunos recuerdos de esa caja porque quería escribir un texto sobre los “pretendientes”. Y sí, digo “pretendiente” – viene de “cortejar a alguien”, como “ir de cortejo”- y es un eufemismo para el abuso sexual, que cometen los “pretendientes” (lease puteros o prostitudores) en la prostitución y uno de los muchos ejemplos que muestra que vivimos en una sociedad en la que la violencia sexual contra la mujer está aceptada, normalizada y subvalorada. El nombre “pretendiente” lo uso sin embargo por falta de alternativas y porque las mujeres prostituidas llaman de esta manera a los “clientes” y, sí, porque se puede escuchar un toque despectivo en este término. Intencionadamente no digo “comprador de sexo” porque en la prostitución no tiene lugar el sexo, que se ofrece por una “trabajadora sexual” a un “comprador de sexo” y que se promocione en una vitrina.

Sorprendentemente se habla poco sobre esas personas que ejecutan esta forma de violencia, en vez de esto el tema de la prostitución en su mayoría gira en torno de las mujeres, que “deberían poder ejercerla”. Escucho siempre cosas sobre todas esas “orgullosas, amables y simpáticas putas”, que alguien conoce, pero que a quien realmente no le importan, de la misma manera que también conozco “orgullosas, amables y simpáticas” personas que no tienen otra opción que vivir de ayudas del estado, y que, sin embargo, no me desalientan a estar en contra del mejoramiento de este sistema. Rechazar la prostitución no significa rechazar a las mujeres prostituidas, sino haber comprendido el sistema de la prostitución a través de hacerles a ellas las preguntas, en un sistema, fundado por los puteros a través de su demanda.

Hace poco me preguntaron cómo se reconoce a un putero y tuve que reconocer que: si él no está parado frente a ti en el burdel y menea un billete de 100 euros es imposible. No, yo tampoco reconozco a los puteros afuera, en el mundo natural, ni siquiera después de 10 años de haber estado en la prostitución. La explicación es que oimos con demasiada frecuencia que son “hombres completamente normales”, lo cual aquí y ahora no pretende ser tranquilizante. Si se le pregunta a los hombres si alguna vez han estado en un burdel la mayoría mienten (“yo nunca haría eso”) o cuentan historias como “yo sólo estuve una vez y fue tan horrible, que nunca más volví a ir” (si alguna vez escuchais eso, CORRED!).

Hay tipos completamente diferentes de puteros. Los hay representantes de todas las profesiones, los grupos de edades, todas las personalidades, pero todos tienen algo en común que ya veremos más adelante.

El putero

¿Pero y entonces cómo son los puteros? Advertencia: el cuento de que todos los hombres que necesitan la prostitución para satisfacer sus necesitades son discapacitados no es verdad. En 10 años en la prostitución no he tenido un sólo putero discapacitado, además de que es discriminatorio para con los discapacitados calificar a estos hombres de esta manera, sugiriendo que nadie querría libremente tener sexo con alguien en su condición. Para la parte femenina de la humanidad con limitaciones no aplica porque ellas tienen sexo más frecuentemente de lo que en realidad quisieran.

De la misma manera, no es verdad que “muchos vienen solamente a charlar”. En todo ese tiempo estuvo conmigo exactamente 1 (en palabras: UNO). Ese tipo de explicación sirve a todas luces para poner a los hombres en el papel de ví­ctimas (ellos tienen que ser siempre fuertes y dominantes, los pobres) y para, al mismo tiempo, hablar bonito de lo que en realidad pasa en un burdel.

De cómo son los puteros, es completamente variable. Tuve puteros, que querían follarme en la ventana de un edificio y luego escupirme, hacerme caminar a cuatro patas y luego eyacular sobre mi cara. Tuve puteros, muchos, que me preguntaron: “¿cuánto cuestas tú?” y que con ello quedaba confirmado que allí no se trataba de sexo sino de comprar una mujer. Tuve puteros que me sonreían malévolamente al darse cuenta de que me dolía (el primero que tuve fue uno de esos). Tuve puteros que trajeron drogas para consumirlas conmigo. Tuve puteros a quienes les encantaba sobrepasar mis límites y hacer aquello que no fue consensuado. Puteros que quisieron mostrarme el armario donde guardaban las armas, estando en su casa del bosque con dos mastines gigantes (incluidos dos metros de valla de alta seguridad y sin cobertura telefónica), a quienes les complacía preguntarme repetidamente: „¿y, ya tienes miedo?“. Algunos se dieron cuenta de que yo no quería, pero de todas maneras siguieron adelante. Algunos eran pervertidos o pedófilos, algunos se masturbaban en el pasillo del edificio donde estaba el apartamento-burdel (sí, así las mujeres no prostituidas también son acosadas por la prostitución, las inquilinas de los otros apartamentos del edificio deben haber estado muy agradecidas por ello). Algunos me preguntaban qué edad tenía yo mi primera vez o me contaban que les gustaban las jovencitas o los niños (“yo trabajo en una granja de caballos, allí hay jovencitas que se ponen muy calientes cuando les das la montura correcta”). Algunos se sintieron impelidos a ofrecerme embarazarme (por qué diablos); algunos me preguntaron si podían „atacarme“. Hubo puteros que estaban tan orgullosos de si mismos y convencidos de su desempeño sexual, que yo “debería avergonzarme de, encima, coger su dinero” pues, al fin y al cabo, yo ya “había recibido bastante de ellos”. Hubo puteros que regateaban el precio y como no quería bajarlo, me recriminaban que lo único que me interesaba era el dinero y que debería “volverme mas humana”.

Todo así, como si las mujeres prostituidas fueran una especie de servicio caritativo para hombres. Tuve puteros que creían que tenían que “mostrárme de verdad verdad cómo era” porque “allí afuera no se consiguen una así tan facil”, y puteros que pensaban que me hacían un halago cosificando mi aspecto (“que buenas tetas”). No se con qué frecuencia se me preguntó si me “gustaba follar”, mientras yo miraba el techo o el esmalte de mis uñas, no se cuántas veces escuché de los puteros que “eso sí que era ganar dinero fácil”. Algunos puteros se dieron cuenta que sólo con alcohol o drogas podría estar con ellos y me las ofrecieron. Muchos se divirtieron torturándome y follándome por horas hasta que todo me dolía. Uno se paró con una máscara de esquiar en la puerta y tenía el fetiche de que él era “el malvado enmascarado” que venía a asustar a las mujeres prostituidas de los pisos de burdel (eso salió mal porque yo salí de la habitación y tenía todavía el látigo en la mano). Un putero decía que me había pedido porque él estaba sexualmente fuera de forma, lo había intentado con una muñeca de goma, pero no era lo suyo, y entonces me buscó a mi. Uno casi tuvo un paro cardíaco, lo cual me vino bien, otro era Cristo y después de que se le salió el condón se negó a abandonar su personaje y compartir los costos de la píldora por ser algo “inmoral aparte de asesinato”. Uno quería obligarme a tener un orgasmo (“si yo quiero que tengas un orgasmo, lo tienes, el cliente es el rey”), y muchos se disculparon por no haber tenido una erección, ya que asi no puedo yo disfrutarlo.

Hasta ahora alguien puede pensar que yo estaba en las calle y que describo el nivel más bajo en la escala de los puteros: De ninguna manera, todos estos amables caballeros me buscaron en un piso burdel, es decir, en un servicio de acompañantes (escorts) y, por cierto, los clientes de la calle no son únicamente hombres con poco dinero. Son sencillamente a los que no les gusta que les pongan límites y los que quieren poder obtener el mayor poder y placer sexual gracias a la miseria ajena.

Cómplices. Ellos saben exactamente lo que hacen.

Si se mira los foros en internet de puteros, no se obtendrá un panorama más bonito. Allí hay hombres que se alegran al torturar con electricidad, en un sótano, a jovencitas que no hablan una palabra de alemán: “esta empieza a temblar no más verme!”. La reacción de los colegas puteros del foro: “mis respetos!”. Los hombres que piden mujeres obligadas a prostituirse y se alegran de que aún no las han “montado” (“esta cierra las piernas con fuerza, qué encanto!. Aquí hay emociones de verdad, ésta todavía no es una máquina. Le di por el culo hasta que no pudo más”) o que ayudan con la primera “montada”: “los primeros seis meses sólo se puede pedir como esclava, hasta que se haya acostumbrado”, “ahora mismo le estoy enseñando a hacer garganta profunda y créeme, lo va a aprender”, “ella no sabía que en su anuncio pone que hace anal y todo sin condón, jajaja, por supuesto que lo hice, era lo que me ofrecieron”, “hace seis meses no hacía sexo anal AO (Alles Ohne: todo sin condón), eso tuvimos que enseñárselo primero para que lo hiciera”.

Las prácticas son cada vez más fuertes (eyaculación en la cara, escupir, Fisting, cream pie, “pedirlas preinseminadas”, Gangbangs, agujas, lluvia dorada, garganta profunda hasta el ahogamiento o estrangulamiento) y una no se quita la sensación de que eso no se trata de sexo sino de tortura, de torturar a alguien, a una mujer. Se pregunta frecuentemente qué tan resistente es una mujer, cuanto aguanta un sexo anal duro, cuánto esperma puede tragar sin ahogarse, en resúmen, cuánto puede soportar manteniendose pasiva, calladita (“si lo ofrecen así de barato en un escaparate, tienen que contar con que un hombre quiere más de lo que dan!”). Lo que tiene que hacer ella en muchos casos: regalarse. Así lo informa un putero en un foro: una mujer prostituida le dijo que tenía tres dueños (!), tenía que estar lista para servir a sus clientes 24 horas al día, hacer “todo sin condón” y no podía negarse a ningún tipo de práctica, y de los 130 euros la hora sólo se podía quedar con 30. Un comentario empático del putero: “si, bueno, eso hace polvo, se nota. Pero de todas maneras 30 euros son mucho dinero en Rumania”.

No he puesto los vínculos de las discusiones de los foros intencionadamente, para no producir más tráfico de visitas, pero sentios libres de buscar en Google la palabra clave “puteros”.

Sobre otras mujeres. Esposas y novias.

Y es que los puteros no hablan así sólamente de las mujeres prostituidas, sino también de otras mujeres (“las alemanas me ponen de los nervios, esas putas emancipadas”) y sobre sus parejas (pues sí, muchos puteros piensan igual, calculo que más de la mitad). Algunos dicen que tenían (aún) buen sexo con su pareja, pero les hace falta variedad (estos son los que se llaman a si mismos “gourmet”), que disfrutan de consumir el cuerpo de la mujer como si fuera un buen vino que definitivamente hay que probar. Muchos ya no tienen sexo con su pareja, a lo que comentan que ella se niega, que es una mojigata y que “ella misma se lo ha buscado” que él tenga que acudir a una mujer prostituida, él se ha visto “obligado a eso”. Algunos me han contado que su esposa “lamentablemente” se niega a las prácticas que ellos les proponen, lo que les entristece mucho, pero en alguna parte tendrán que vivirlas. (Al preguntar por las prácticas vienen tales perversiones que no es de sorprenderse por qué sus mujeres se negaron). Lo que es tremendamente claro es que, primero, los hombres se sacuden la responsabilidad (la mujer es la culpable de que no haya más sexo o no sea el correcto!) y, segundo, que mantienen la idea de tener un derecho a tener sexo (y en alguna parte tendrán que recibirlo, por el amor de dios, y si la vieja no se los da…). Además, no tienen cargo de conciencia: una vez un hombre me pidió para un “servicio” en su casa. Él se hayaba cómodamente sentado en el sofá y detrás de él había enmarcada una foto familiar tamaño extra grande. Cuando se dio cuenta que yo estaba mirándola me contó alegremente que su esposa estaba en ese momento en el hospital porque estaba pariendo a sus gemelos. Él estaba orgulloso y quería celebrar y ya que ella en “ese preciso momento” no podía, me mandó pedir a mi. Algunos puteros me han dicho incluso que en la niñez de sus esposas tuvo que haberles sucedido algo terrible y que por ello tenían sexo de mala gana (y ciertamente nada de sexo anal, oral, tragar semen, fisting, que eyaculen en su cara, ah lástima!), asi que no tuvieron mas remedio que ir al burdel. Es perfectamente claro aquí que el abuso sexual no les resulta problemático en sí (el abuso sexual infantil, el abuso del putero hacia su mujer, el abuso del putero hacia prostituidas) sino que los puteros se sienten además como héroes porque se “apiadan” de su mujer no ejerciendo su “derecho”. El abuso hacia la esposa llega tan lejos de incluirla parcialmente en sexo con prostituidas. Con cuánta frecuencia he escuchado “mi pareja es un poquito bi, por eso pensé, yo le hago el favor y pido una prostituida y lo hacemos entre los tres” y de inmediato me he negado porque yo sabía exactamente que la buena mujer de la que él decía era un poquito bisexual, no sabía nada e iba a ser obligada a algo que no quería. Tanto si ellos las “reemplazan” como si “las involucran”, lo venden incluso como un “favor” que hacen a sus mujeres, que luego se plantea como una bonita oferta: “oye, me gustaría correrme dentro de mi esposa y tú se lo sacas chupando mientras yo te follo sin condón, vale?” Los hombres se conducen tan seguros de si mismos en el mundo de la prostitución porque piensan que es algo a lo que tienen DERECHO. Me acosté en bastantes camas matrimoniales y escuché muchas frases de sorpresa de las parejas (“eh, mira ahora me tengo que ir, ¿si cariño?. Esto es muy bonito, me alegro de lo de esta noche!”) y me maravillé nuevamente de lo rutinario, libre de culpa y seguros que estos hombres se sentían y seguían en lo que estaban, aún frente a sus parejas, ¿por qué?. Cuando alguien hace algo que cree que se merece, no tiene que esconder sentimientos de culpa porque sencillamente no los tiene!. No debe saberse solamente porque es desagradable si se entera su pareja.

En un hilo particularmente repugnante, en un foro de puteros, se leía que un marido tenía como costumbre pedir mujeres prostituidas a casa para usar el vibrador de su mujer y luego volver a ponerlo en su lugar sin lavarlo, era su manera personal de vengarse de la mujer que a sus ojos le debía sexo y no se lo quería dar. Por no hablar de todos los tipos que practican el todo sin condón y luego regresan a casa y allí continúan. Aunque para los puteros tanto las prostiuidas como las esposas están ahí para eso, para ofrecerles sexo, los puteros diferencian claramente entre unas y otras. Siempre se me dijo: “tú eres demasiado buena para el burdel, tú no perteneces a este lugar”, lo que lleva implicito que hay mujeres que no son lo suficientemente buenas (¿para ser esposas?) y que sí que deberían estar en el burdel. Su desprecio hacia las mujeres va para ambas, parejas y “putas”. Se dirige a todas las mujeres.

¿Cómo se puede resumir esto?. Los puteros son hombres que tienen una visión de las mujeres en la que son como ganado. Esto se ve claramente en las afirmaciones de los puteros como: “no tengo que comprarme toda la vaca si quiero sólo un poco de leche”. Comparan a las prostituidas con alimentos o bienes consumibles: “En casa hay siempre sopa de guisantes y a mi lo que me apetece es cerdo asado” o “conducir un Opel es chulo y está bien, pero de vez en cuando debería ser algo más picante”.

El putero amable

Se me pregunta una y otra vez si no hay puteros amables y, ahí, es cuando tengo que decir que sí, que sí los hay. Pero no es importante si alguien es amable o no, sino lo que hace. Tuve uno que quería tomarme de las manos todo el tiempo e ir conmigo a comer. Las citas eran horrendas porque tardaban eternidades y así mismo era en la cama. Ese era uno de esos “clientes amables” que quieren en su mayoría “Girlfriend-sex”, o sea que quieren la cercanía, la intimidad, los cariños, besos, todo el paquete, y es agotador porque sobrepasa los límites personales, implica fingir mejor y estropea completamente tu intimidad, precisamente porque está completamente reclamada. Una ya no puede guardar algo para si misma si también hay que imitar y vender los gestos de dulzura (porque, por supuesto, no son verdaderos), dejan de pertenecerle a una, empiezan a hacer parte del repertorio de entretenimiento y por eso dejan de tener significado y son arrancados del Yo. Estos tienen que rescatarse de nuevo en un futuro libre de puteros y ser desde el principio nuevamente aprendidos. Además de esto, junto con la sensación de ser abusada, a través de la expresión de géstos íntimos de este tipo, que llegan a hacer parte misma del abuso, de la sensación de abusar de ti misma, desaparece todo resto de dureza que pudiera protegerte del putero. Es como una entrega total, el putero sobretodo deseaba que yo le actuara el ser su amante. Este era uno de esos “gourmet” que no podían conformarse con una sola esposa y regularmente intentaba hacerme sentir culpable por los demás puteros para los que tenía que “trabajar”. Nunca se le ocurrió la idea de que él era uno de esos incómodos puteros: Los puteros no piensan en ellos mismos como puteros, sólo los demás son horribles. (A excepción de los sádicos: que quieren ser recordados como los más horribles). Él me ofreció bastante dinero para que yo “no tuviera que seguir haciendo eso”, pero para los puteros eso no es gratis, los puteros no ayudan así, sin más, no, una prostituida es un bien público y cualquiera quiere recibir algo de allí, y preferiblemente “ayudan” para hacerse con su pequeña “puta” personal. En cuyo caso tendría que encontrarme con él y sólo con él y sin dinero. Él quería prácticamente “comprarme”.

Los hombres piensan tanto que tienen derecho a obtener sexo, que en realidad en lo más profundo de su ser ya no pueden entender por qué razón tienen que pagar por ello. Si se hace una buena actuación, entonces significa que “algo de eso” ya disfrutó y por lo tanto el putero no debería pagar (=se crea una ilusión positiva) y si la actuación no fue lo suficientemente buena, a saber “ejecución insuficiente”, pues tampoco tendría por qué pagar. No hay manera de ganar!

La visión de los puteros sobre las prostituidas tiene dos caras, por un lado, desean una máquina que todos tratan igual (“lo que ella ofrece tiene que hacerlo, da igual quien venga”, una negativa por parte de ella no está incluida) y, por el otro lado, quieren ser algo especial. O porque son tan tremendamente buenos en la cama o porque, cuando son sádicos, pueden hacer polvo a la prostituida. Lo que nunca quieren ser: uno como los demás, el número 8 o el 9 de la lista del día. No, una debería recordarles para siempre, es una cuestión de ego.

Por qué van los hombres con prostituidas

A la pregunta de por qué los hombres van con prostituidas hay varios estudios que tratan de dar una respuesta. Desgracidamente, sobre todo las científicas alemanas, olvidan que los puteros entrevistados responden como lo espera la sociedad (“romántico”, “me gusta probar cosas”, “ya no tengo sexo en mi casa”) y muestran una imagen suave del putero que no corresponde con la realidad (en los foros de puteros obtendrían una visión un poco más fuerte!). Exponentes de esos “estudios” se encuentran, por ejemplo, en los diarios Süddeutschen y Tagesspiegel.

¿Y entonces. por qué hacen esto los hombres?: Algunos son sencillamente sádicos que odian a las mujeres y quieren darles una “lección de Hardcore-sex/follar con odio”. Algunos son unos pusilánimes que tienen la necesidad de probarle su virilidad a una mujer prostituida y algunos de ellos son “románticos”, que quieren establecer alguna clase de conexión, de relación, un romance. Todos ellos tienen algo en común: piensan que tienen el derecho a obtener sexo, en ellos hay una cierta misoginia inherente y se orientan hacia una imagen de la masculinidad como algo tremendamente superior. Pero sobre todo: todos saben o podrían saber que esas mujeres no se acuestan con ellos por gusto y voluntariamente. Pero esto a ellos les da IGUAL.

Se ordena como en un menú de un restaurante: Un francés total por favor con anal después, y luego se busca un cuerpo en particular del menú para ser consumido. El aspecto de la elección del cuerpo es, a propósito, la prueba de que el sexo no es un servicio: no da igual quien lo brinda porque no se trata sólo de sexo, se trata de USAR a una mujer.

Ni siquiera los románticos buscan una cercanía verdadera. Tienen la imagen de una mujer, se forman la imagen de una relación con esa mujer y pagan por eso, lo importante es recibirlo sin importar cuál sea la realidad. Y los sádicos tienen la idea de usar a la mujer de la misma manera y cuya voluntad tampoco importa. La prostitución no funciona sin ser forzada, nunca habrá suficientes mujeres que se prostituyan “voluntariamente”. De hecho, una parte tendrá que ser siempre forzada. Los puteros puede que con frecuencia no sepan si tienen debajo una prostituida forzada, eso les es simplemente indiferente. El que sean forzadas no les molesta a los puteros, les molesta sólo si tienen que verlo porque les daña la imagen que se habían formado en la cabeza. O les parece estupendo (como a los sádicos), o no vuelven allí (porque la ilusión por la que pagan no podrían lograrla) o hablan frívolamente del asunto (hace poco en un foro de puteros encontré: “qué es estar obligado, yo tengo que levantarme todos los días y comer, eso también es estar obligado”). Las prostituidas no son mujeres para los puteros, aunque expresen que tienen dolor „hacen como si nada“. Lo mejor sería tener una con la que pudieran hacer lo que les da la gana y que sin embargo les sonriera: como una muñeca. El 66% de los puteros saben que muchas mujeres son forzadas por proxenetas, pero les da completamente igual. El 41% van de todas maneras con conocimiento directo de que se trata de una víctima forzada a prostituirse.

De putero a delincuente.

Aquí incluyo mi experiencia. Cuando todavía estaba en los pisos de burdel, muchos puteros tenían claro que en la habitación del lado había alguien sentado, y cuando estaba en el servicio de acompañantes muchos se sorprendían de que no tuviera un “jefe”, a saber: un proxeneta. Así de acostumbrados están a esta figura.

Hubieron puteros, que vieron con claridad mi asco y a quienes no les importó (“para de darte la vuelta cuando quiero besarte”, “tengo la sensación de que ya no quieres ver más rabos”), también hubieron los que se excitaron y a los que mi asco les dañó la imagen por la que habían pagado y nunca más volvieron. Todo es acerca del control, del control sobre las mujeres. Unos se enfadan si la actuación no fue lo suficientemente buena, los otros se alegran si a la prostituida se le cae su máscara de autocontrol y ahí es cuando dan el golpe. La violencia por la que se paga es sólo un lado, el otro lado es la violencia que no se acuerda: las violaciones, las torturas, las palizas y el asesinato.

Se trata de tener una mujer bajo control, hacer que haga lo que se desea, que sea lo que se desea. Y este es el punto central de la prostitución: Todo está centrado en las necesidades del hombre, el sexo está siempre disponible, él no tiene que hacer nada, tiene para su elección los cuerpos de las mujeres, el principio del rechazo no se prevee. Aunque a los puteros les gusta escuchar que una prostituida “rechaza de plano también clientes” porque les da la sensación de pertenecer a un círculo de élite, Ellos mismos no pueden imaginarse ser el cliente rechazado. Cada vez que he rechazado a un cliente fue un gran No-No, algo que ellos hasta la fecha nunca habían considerado posible y a lo que reaccionaron con tanta agresividad que era como si yo les debiera algo, como si yo fuera un baño público al que sólo ellos no tuvieran entrada, como si yo hubiera roto las reglas del juego.

Quien ahora crea que hablo de la minoría, de un número reducido de hombres enfermos, se equivoca. Dependiendo del tipo de estadística que se mire, uno de cada cinco hombres acuden a mujeres prostituidas o 3 de cada 4. Igual como se calcule, cada día uno a 1.2 millones de hombres van a prostíbulos alemanes, sin contar con los que ven películas con contenido de prostitución (=pornografía). Porque ellos en cierta forma también son puteros.

Melissa Farley en un estudio descubrió que los puteros violan con más frecuencia que los que no lo son. De aquí se concluye que la prostitución tiene un efecto de aprendizaje sobre los hombres, les enseña que la violencia contra las mujeres bajo ciertas condiciones está bien. No es sólo que a la prostitución llegan especialmente muchas mujeres que fueron abusadas, sino que viven allí aún más violencia, los puteros tienen pocas inhibiciones frente a lo que la violencia sexual se refiere, a la hora de visitar a mujeres prostituidas. Y todo esto significa que:

La prostitución es el efecto de la violencia contra las mujeres, es en sí mismo violencia contra las mujeres y es la causa de la violencia contra las mujeres.

La prostitución es un asunto de todas las mujeres.

Por todo esto la prostitución importa a TODAS las mujeres. Si una mujer es comprable, todas lo son: Con cuánta frecuencia he escuchado de los puteros que mejor me pagan a mi, a “cualquier otra, resulta más cara porque tiene que comprarle flores, pagar cenas en restaurantes, etc. y al final ni siquiera es seguro que ella te de algo”. A esto se suma que el putero con frecuencia reajusta las escenas de violencia pornográfica de burdel pasando de voyeurista de violencia sexual a ejecutor directo de ella, pues ellos definen estas prácticas como normales, realizables y sin consecuencias, y entonces van y se las proponen a sus parejas, a aquellas que les permitan. La prostitución no está fuera de la sociedad, es producto de ella y es necesaria para cimentar este rol tradicional una y otra vez: Hombre activo y agresivo, mujer pasiva y servil. Ella es financieramente dependiente de él mientras él pueda obtener beneficios sexuales, las necesidades de ella no son una prioridad. No es casualidad que las defensoras de la descriminalización total de la prostitución repitan siempre que es mejor que el matrimonio ya que ambos, matrimonio y prostitución, se basan en un mismo principio fundamental. Es tan triste que vivamos en una sociedad que no sea capaz de imaginarse una sexualidad en la que las mujeres no reciban ninguna COMPENSACION porque al fin y al cabo no se les ha causado ningún DAÑO.

En vez de esto, vivimos en una sociedad que cree que los hombres tienen el derecho a tener sexo bajo todas las condiciones, y aún cuando eso signifique que una mujer sea forzada. Es una pena, pero así es no?. El mundo es sencillamente malo.

Claramente los deseos de los hombres parecen más importantes que la integridad física y mental de las mujeres, sin olvidar que son más importantes aún que su propia autonomía sexual.

Dado que la prostitución es lo contrario a la libertad sexual, y los puteros lo saben, pero no les importa, o no lo saben pero tampoco quieren saberlo. En suma: ¿queremos vivir en una sociedad en la que para los hombres las mujeres deben reprimir su asco y a los que, EN EL MEJOR DE LOS CASOS, les da igual?

Los puteros no ven a las prostituidas como mujeres, sólo ven un objeto, un cuerpo, incluso un accesorio decorativo. No pueden realmente saber en verdad cómo está ella, por qué está prostituida, qué es lo que ella realmente piensa, qué vida ha tenido hasta ahora, si en este momento ella quiere estar allí o no. A ellos no les importa. Lo que todos los puteros tienen en común es que a ellos los derechos de la mujer, su voluntad y sus sentimientos no les importan, les dan completamente igual: indiferencia.

Los puteros pagan por la ausencia de dignidad, de ego y de voluntad de la mujer, y la pregunta es: ¿por qué necesitamos una institución que les haga esto posible?

 

!!Estoy hasta las narices de vosotras!!

Traducción: Concha Hurtado

Después de haber leido una entrevista a la lobbista de la prostitución Stephanie Klee, se ha hartado. Huschke Mau, superviviente de la prostitución, responde. “Yo soy una las tan cacareadas prostitutas voluntarias ‘”, escribe. “!Y estoy hasta las narices de vosotras, defensoras de la prostitución”!.

Querida Stephanie Klee,

Te escribo referente a la entrevista que la revista ciudadana Zitty Berlín mantuvo contigo. En un primer momento pensé agradecerte que la hubieras dado, pero como aún no la había leído, no dije nada. En primer lugar: Puedo tutearte? Porque se puede decir que somos compañeras. Pues sí, conozco bien la Prostitución ya que he pasado diez años en ella.

Sabes, encuentro tus declaraciones sobre la prostitución bastante llamativas. Sólo me sorprende un poco que hayas olvidado mencionar algunas cosas que me parecen muy importantes.
En primer lugar se te ha olvidado plantear la pregunta fundamental de si es absolutamente necesaria la prostitución. Es bueno que al menos no utilizas el viejo, casposo pseudoargumento de que sin burdeles se elevaría la tasa de violaciones (lo que implicaría que los hombres no pueden controlar sus impulsos, y si no fueran a prostituir, podrían violar a otras)

Pero ¿para qué necesita la sociedad la prostitución, Stephanie? ¿Para qué necesitamos el hecho de que a los hombres se les permita comprar mujeres (porque la mayoría de las prostitutas son mujeres, y los que son hombres, operan en el ambiente homosexual). ¿Cómo te explicas ese hecho y que expresa para ti? Al parecer, esto no es una característica de una relación de poder para ti. Y ahí está, el primer punto ciego en tu lente.

El único que disfruta la prostitución es el putero!

Escribes que la prostitución seria sexo. Sabes, para tener sexo, se requiere al menos dos personas. Y no una que sirve a los deseos sexuales del cliente únicamente (!) y que por lo tanto necesita “disociarse” de su propia sexualidad, de sí misma, su persona y su personalidad.

Me gustaría preguntarte, en que entorno de prostitución vives que no te has enterado que las “variedades” de la “sexualidad”, es decir, los “deseos” de los puteros son cada vez más violentos y dirigidos cada vez más a la humillación. Lee en los foros de puteros querida Stephanie en los que pone muy claramente que los hombres puteros perciben como una expresión de poder, cuando escupen a las mujeres del burdel en la cara, se permiten “eyacular” en ella el esperma; las cosas que quieren hacer de sexo anal, lo mucho que la mujer “soporta”; cuando ellos eyaculan en la cara y quieren que se trague el semen, y después de eso, los puteros, las estrangulan metiendoles la polla hasta la amígdala.

Por favor lee el lenguaje de los foros de puteros, lee como les pone, como disfrutan sabiendo que eso no le gusta a la mujer, sino que lo hace por dinero, que está obligada a hacerlo, porque necesita la maldita pasta, o porque en la habitación contigua hay un peligroso proxeneta sentado. Como ellos deliberadamente tratan de transgredir los límites, manifestando su lado sádico, si no lanzándose a
fondo a ello, si de forma muy consciente. No se trata de sexo en la prostitución, se trata de poder. Y sólo de poder. No hagas como si las mujeres pudieran vivir ahí su sexualidad, el único que la vive es el putero, cuyos deseos tu satisfaces. O sea, a tu costa.

Y no, Stephanie, el putero no olvida ese sentimiento de poder que se ha comprado, no. No olvida que las mujeres están disponibles, que puede cogerlas, que están ahí para satisfacer sus deseos, que se disocian en el acto de su sexualidad y su alma y no se les permite tener necesidades / límites / deseos. Oh no. Asume esta sensación de que el sexo le equipara con el poder, sale del burdel y lo refleja en el trato con las mujeres no prostituidas. La prostitución es violencia. Una máquina de satisfacción machista.

No hagas como si nunca hubieras experimentado violencia de los puteros, y no cuentes la historia del cliente majo y amable que sólo quiere abrazar y siempre respeta tus límites. Alemania ha legalizado la prostitución, y a que ha conducido? a cada vez más prostitución y sobre todo: a demanda cada vez más extrema. Y con esto no quiero decir sólo que hay cada vez más puteros, sino que los hombres están aprendiendo que está bien comprar a las mujeres. (Sí, ya puedo escuchar el pseudo-argumento, que el putero no compra a una mujer, sino la prestación de un “servicio”, ¡qué tontería! ¿Puedes separarte de tu coño, tu culo, tus senos, tu boca, de lo que haces con ellos? Está afectada siempre toda la persona.)

Vosotras no habláis por mí ni por las prostitutas que conozco!

Fíjate en lo que quieren entonces los puteros: Besar, todo sin, sexo anal (también sin), francés total (es decir, tragar esperma) anal con lengua, fisting (penetración con el puño), chorro en la cara, quieren Gangbang- y fiestas de violación, siempre quieren chicas más jóvenes, quieren chicas sin “tabúes” que estén condicionadas a hacer TODO lo que los puteros quieran. Quieren tarifa plana para follar con tantas niñas/mujeres como sea posible, todo incluido en la entrada del club.

¿Cómo justificas eso? Es patente que con la legalización de la prostitución se revela su verdadera esencia: Violencia. Disponibilidad completa de los cuerpos de las mujeres. La acción desinhibida del poder masculino. Y: tortura sexualizada.

Entonces, querida Stephanie, si quisieras echar un vistazo a los foros de puteros, verías que los puteros son misóginos. Que les encanta atormentar a las mujeres e ir a sus límites de aguante. Y aún más: Los puteros quieren prostitutas forzadas. Pues con ellas pueden estar seguros de que las prácticas que deben sufrir las hubieran rechazado aquellas prostitutas alemanas “decentes” de la vieja escuela. Eso es lo que los puteros quieren.

¿Cómo te las arreglas para pasar por alto el hecho de que ahora en cada ciudad hay varios macroburdeles, en los que “trabajan” casi sólo mujeres que apenas hablan alemán, que son llevadas por la mañana y recogidas por la tarde por sus “protectores” y que ofrecen las prácticas que duelen y que son peligrosas para la salud? Les gusta o qué? Es que son todas masoquistas? Y escribes, que para estas mujeres (de Rumania, Bulgaria) es la prostitución una gran alternativa? Encuentras que la prostitución es una estupenda alternativa a la pobreza?

Hablas de la prostitución, como si fuera algo deseable, que fuera genial para las mujeres y las niñas. ¿Por qué no mencionas las razones que llevan a las mujeres a la prostitución? Y ya saco a colación la prostitución forzada. Por cierto, que es forzado para ti? Tener que decidir por la prostitución debido a la pobreza y la falta de perspectivas? Esto no es un problema, sino una gran oportunidad para tí? Incluso las mujeres que ingresan “voluntariamente” se exponen a la coerción en el sector:

Cuando las rentas de las habitaciones son tan altas que tienen que aceptar un putero aunque no quieran, porque de lo contrario incurren en deudas con en el “propietario”, por ejemplo. Cuando
no se atreven a rechazar a un “cliente”, porque de lo contrario se provoca estrés con los ” guardianes” o con los “dueños de los burdeles”, que no les gusta ver que sus chicas están “estropeando” su reputación.
Lo planteas así sin rodeos, como si las mujeres quisieran disfrutar de la vida en el “oficio”. Querida Stephanie, soy una de las tan cacareadas prostitutas “voluntarias”. A los 18 años empecé, después de 17 años de haber sido golpeada por mi padrastro y haber sido abusada sexualmente, me marché de casa. Pensé que sólo puedo hacer esto, que sólo soy buena para follar. Y si yo solo soy buena para eso, ah, esto es ahora mi seguro de vida que posibilita mi supervivencia.

Al principio pensaba que aún tenía poder. Me decía: Fíjate, incluso pagan por ti; he regulado con la ayuda de la prostitución el acceso a mi cuerpo. Pensé: Sobre ti todos deben pedir permiso ahora. Y además podía filtrar: No, no más todos, sólo aquellos que puedan permitírselo.

No soy la única. No he visto una sola prostituta que no haya sido sexualmente abusada / violada como niña o como adulta, o que haya experimentado otra forma de violencia sexual. Y me atrevo con la tesis arriesgada que nuestra sociedad no persigue consecuentemente el abuso masivo de las chicas jóvenes, porque lo aprovecha. El abuso es como el adiestramiento temprano. Esto es práctico, porque a través del abuso las mujeres / niñas aprenden aquí a disociarse. A no estar ahí (y eso es exactamente lo que paga el putero – que la voluntad de la mujer en ese momento no esté ahí pues el ha pagado para que se vaya).

La relación entre el abuso sexual y la prostitución ha sido largamente documentada, al menos el 60 por ciento (otras estadísticas hablan de hasta un 90 por ciento) de todas las prostituidas femeninas fueron abusadas sexualmente de niñas. Lo único que estas mujeres viven de la vida, Stephanie, es la recreación de sus traumas que esperan así procesar, pero por supuesto no pueden. Y no quieres ninguna ayuda para salir de la prostitución, pero ayuda para entrar en la prostitución, sí?

No actúes como si nunca hubieras experimentado violencia de los puteros!

En la prostitución viven las mujeres que están traumatizadas, y por la prostitución continuarán traumatizadas. O ¿cómo te explicas querida Stephanie que las prostituidas (también yo) sufren en masa de trastorno de estrés post-traumático (estudios hablan de al menos el 60 por ciento con un trastorno de estrés postraumático en toda regla)?

Dices, la prostitución introduce a las prostitutas sentimientos elevados, pues serian felices de hacer felices a los “clientes” y de tener dinero en el bolsillo. Pero ¿qué significa “hacer feliz al cliente”? Significa eso que he sido exitosamente violenta contra mi misma mientras me disocio de mi asco, de mi propia voluntad, para que el “cliente” pueda ser violento hacia mí, mientras me usa para sus deseos. Y eso hace a las prostitutas tan felices, ¿no? ¿Te hace feliz, disociarte y “no estar ahí”?

Dices que sólo cuando la prostituta sale por la puerta del burdel, comenzaría su trauma, y que éste se basaría en su discriminación social. Me gustaría contarte algo al respecto, sobre lo que piensas, que lo que se necesitaría son ayudas para entrar en lugar de ayudas para salir.

Yo soy una de las que se han prostituido desde que la prostitución en Alemania ya no es más algo inmoral. ¿Debo decirte a lo que ha llevado? Yo, como la mayoría de las prostitutas, no me he registrado como tal, porque tenía miedo de no ser capaz de salir. Porque tuve miedo de ser preguntada por qué ya no quiero trabajar como prostituta, cuando es un trabajo como otro cualquiera. Y eso es exactamente lo que pasó cuando traté de salir. Busqué ayuda en la asistencia sanitaria y solo coseché incomprensión. Y no salí.

¿Qué podría contar de la oficina de desempleo cuando hago una solicitud ALG II, para no tener que chupar mas diez pollas al día, y tener donde vivir y algo que poder comer? ¿De qué, preguntaron, había vivido los últimos tres meses? Y cuando se lo hube dicho, me preguntaron entonces por qué no quería seguir haciéndolo, ya que había un estupendo prostíbulo por aquí cerca que todavía están buscando …? O tendría que probar que ya no me prostituyo? Y como prueba una mujer eso?
¿Qué podría relatar de la oficina de desempleo?

Te olvidas también del consumo de drogas y alcohol, que predomina en la “industria” entre las prostituidas, Stephanie. (¿Por qué ocurre todo esto? Si todo es tan estupendo? Pero al parecer es únicamente una gran fiesta, una orgía, como parte del goce de la vida, eh?) Te olvidas de tanto. Te olvidas de la prostitución forzada, de la violencia de los puteros, de la violencia de los proxenetas (ah sí, ellos ya no se llaman más proxenetas, sino “socios”, “seguridad”, “arrendadores”). Te olvidas de la misoginia, del odio a una misma. Te olvidas de que el arrendador, los dueños de burdeles, los periódicos (sí, esos anuncios donde se anuncian a las prostituidas son extremadamente caros), el Estado (los impuestos) se benefician. Te olvidas de todos los que se aprovechan de lo que genera una prostituida.

¿Quién obtiene la menor parte de ello? La prostituida. Ella obtiene la parte más escasa del dinero, todos ganan de ella, todos ellos obtienen algo de ella (sexo, dinero, lujuria de poder satisfecha), pero ¿qué obtiene ella? Un trastorno de estrés postraumático, una adicción a sustancias y mucha soledad y odio a sí misma. Todo esto viene de la discriminación social, verdad?

Curioso, a mi personalmente me vienen en flashbacks que tengo debido a mi TEPT (Trastorno de Estrés PosTraumático) causados por la prostitución, sólo las imágenes revividas de puteros que abusaban de mí!. Stephanie, pregunta a l@s terapeutas de trauma de donde viene el trastorno de estrés postraumático que tienen las prostituidas, que (ójala) algún día acaben con el!

Estoy hasta las narices de vosotras defensoras de la prostitución, de la prostitución ajena, que queréis contarme a mi que la prostitución es una profesión como otra cualquiera. Estoy harta de vosotras que queréis contar aquí toda la historia de la oh-tan-estupenda prostitución voluntaria. Vosotras que no tenéis ni idea de la prostitución, y en vuestro modo de reconoceros de izquierdas alguna cosa debieras pensar sobre que ” la prostitución ha sido ante todo una expresión de poder sobre las mujeres”, pero solo parloteais que es una inversión de las relaciones de poder, que ahora la prostituta tiene poder sobre el putero. Nunca he sentido poder tumbada bajo un maldito putero, y no conozco ninguna que alguna vez se haya sentido de esta manera!

Me dais ganas de vomitar, las que estáis en la prostitución y os llamáis “trabajadoras sexuales”. Porque os creéis con derecho a hablar por todas nosotras las que estamos involucradas en la prostitución, y porque vosotras a los que no saben nada de la prostitución, (mujeres – porque los hombres lo saben en su mayoría, como puteros, solo que ellos no os contarán porque van realmente al burdel, lo que quieren allí y lo que hacen!) les hacéis creer que todo está bien.

No está bien.

No puedo soportar mas, que hagáis como si hablarais en nombre de TODAS las prostitutas. Vosotras sois una minoría en la prostitución. Describís una realidad que no existe. Negáis a las víctimas de violencia el ser víctima e incluso les sugerís que se alegren por ello, ya que todo es tan estupendo. Silenciáis a la MAYORIA de las prostituidas.

La mayoría, que sigue bebiendo, tomando drogas o reviviendo su abuso una y otra vez con la falsa esperanza de de mitigar el dolor. La mayoría, que transforma el odio a aquellos que le han infligido la violencia, en algún momento lo admiten, en odio a sí misma y en encaminarse “voluntariamente” a
esta espiral de violencia. Vosotras acosáis con desprecio a las mujeres que quieren hablar sobre la violencia en la prostitución: “Oh, siento que TU hayas tenido una mala experiencia”, como si la violencia no subyaciera en la estructura de la prostitución, sino en la falta de profesionalidad de la mujer, en su personalidad defectuosa que no puede soportar una oh-tan-estupenda experiencia.

No liberáis a nadie con vuestra charlatanería neoliberal!

¿Queréis hablar por todas? Vosotras NO habláis por mí ni por ninguna prostituida que conozca. Vosotras os aprovecháis de la situación que la mayoría de las prostituidas están demasiado ocupadas con su supervivencia, demasiado traumatizadas para hablar. Os niego el derecho de hablar por todas las prostituidas porque vosotras, a las que que podrían relatar esta violencia, las hacéis callar, os aprovecháis de su silencio, simplemente no las mencionáis y con ello las hacéis víctimas de nuevo.

Cuando decís, “todos deben poder hacer lo que quieran”, en realidad pensáis sólo en que LOS PUTEROS Y LOS PROXENETAS QUE ESTÁN DETRÁS DE VOSOTRAS puedan hacer lo que quieran. Y no las prostituidas.

No liberáis a nadie con vuestra charlatanería neoliberal. Cuando decís que la prostitución debe ser liberada únicamente de todos los controles, reglamentos, etc., y todo seria chupi, estáis mintiendo y siguiendo una teoría extraña: si las víctimas de la esclavitud se sienten infelices porque son esclavas, entonces ayuda legalizar la esclavitud , ya que con ello los esclavas ya no son “socialmente discriminadas” y pueden dejarse esclavizar en mejores condiciones?

Sin saludo,

Huschke Mau

Carta a la ministra Manuela Schwesig

Traducción: Concha Hurtado

Estimada Señora Ministra Schwesig,

Me dirijo a usted con este escrito porque he visto que en el proyecto de reciente publicación de la reforma de la Ley de Prostitución está claramente marcado el sello que distingue a los grupos de presión de los burdeles y el proxenetismo. Por ello quisiera pedirle que ahondara en la realidad del barrio rojo en lugar de seguir escuchando a personas que cuentan el cuento de putas felices autoafirmadas.

Quisiera en primer lugar presentarme brevemente: soy una superviviente de la prostitución, en la que he pasado 10 años. Así que sé bien de lo que hablo. Las razones para mi entrada en ella fueron varias: una familia biológica dificil, en la que a través de violencia masiva, también de índole sexual, contra mi madre y contra mí, resulté traumatizada. Contribuyeron asimismo, en aquel momento, los cuentos masivamente difundidos de prostitutas felices, una necesidad financiera ineludible y la falta de ayuda social y psicológica.

Sí, si usted asi lo quiere, he entrado voluntariamente; soy una de las harto citadas prostitutas voluntarias, pero ¿qué hay de voluntario, señora Schwesig, cuando una persona traumatizada por un abuso infantil toma esta decisión? Para mí la prostitución era un ascenso, en el que aprendí que yo, debido a que soy una chica más o menos indefensa y sin derechos, seré sexualmente abusada, y por lo tanto, así podría al menos tomar dinero por ello y asegurarme así mi supervivencia y limitar el número de abusadores.

Si ahora usted piensa que yo pueda ser un triste caso aislado, debo tener que contradecirla. En esos 10 años he conocido a muchas prostitutas, y no hubo ni una entre ellas que no hubiese sido abusada de niña, golpeada o violada de adulta. Con estrés psicológico, con el trauma volviéndose a repetir una y otra vez en la prostitución y con el sentimiento de autoestima destruido debido a los actos violentos, así es como he visto a muchas prostitutas. Sobre la violencia del barrio rojo o las cosas que nos hacen los “clientes” que usted no querría imaginar ni en sus peores sueños, no quiero empezar a detallar aquí. Esas son las realidades del barrio rojo, señora Schwesig, las que se refieren solo a “prostitutas voluntarias”, y sí, también ellas sufren su estrés postraumático, su disociación, su adicción al alcohol o las drogas, porque no lo pueden soportar. Del 90% de todas las prostituidas en este país que no son alemanas, quisiera hablar aún menos. Su fantasía será suficiente para imaginarse como son las circunstancias en las que viven.

El pasado noviembre escribí una carta abierta porque no podía soportar durante más tiempo que el lobby pro-prostitución contara historias tales como la de la puta libre y autodeterminada. La he adjuntado a este escrito, en el caso de que quiera usted leer como es en realidad prostituirse.
¿Por qué tan pocas veces ha oído todo esto? En primer lugar, porque el lobby pro-prostitución nos intimida (desde que publiqué la carta recibo e-Mails malvados, he sido insultada y amenazada); y en segundo lugar, porque las superviventes estamos demasiado traumatizadas para hablar.

Le ruego encarecidamente, por tanto, que se informe sobre quién está detrás del lobby pro-prostitución. En la revista “Der Spiegel” hubo recientemente un artículo sobre ello.

En la muy buena página web de trauma y prostitution puede seguir informándose sobre como actúa la prostitución con las mujeres. O lea el libro de la superviviente de la prostitución Rachel Moran “Was vom Menschen übrig bleibt”/ “Lo que queda del ser humano”, que dibuja claramente las realidades del barrio rojo.

También muchas mujeres que no se prostituyen se ven afectadas por la prostitución, pues los puteros que son sus maridos, llevan al dormitorio lo que han aprendido en el burdel, es decir, a despreciar a las mujeres, a comprarlas, a torturarlas. La sociedad está brutalizada, señora Schwesig, es un bucle sin fin: si la prostitución es legalizada, aumenta la demanda (porque los hombres aprenden que está bien comprar el cuerpo de las mujeres, transgredir los límites, tener poder para abusar). La trata aumenta para cubrir la demanda (con lo que hay todavía mas tráfico de mujeres) y de nuevo se acrecienta la aceptación de la prostituciçon en la sociedad, la demanda sube de nuevo, etc.

Actualmente el 90% de los hombres alemanes ha estado ya en un burdel. Uno de cada tres lo hace regularmente. Sabe usted lo que pasa por sus mentes, señora Schwesig? Yo lo sé, porque lo he experimentado en la habitación de un prostíbulo, y los hombres que hoy estrechan su mano amablemente, mañana escupen a una prostituta en la cara durante el acto, gozan con su asfixia cuando deben tragarse el esperma y aprenden a sentir placer al torturar mujeres.

Por favor, no lo permita! Usted es miembro de la Agencia de Protección a la Infancia, no puede querer que debido al abuso y la violencia, niñas traumatizadas se conviertan en prostitutas, que tengan que experimentar todo aquello de nuevo una y otra vez. A través de la legalización los hombres aprenden que todo esto está bien. ¿Quiere vivir en una sociedad así? Esa no puede ser su visión!

No habrá nunca una sociedad con equidad de género mientras los hombres puedan comprar mujeres y puedan abusar de ellas. Y no hay ninguna prostitución “limpia”.

Le ruego encarecidamente que no se informe sólo por los/las defensores/as de la prostitución (que en su mayoria son dueños de burdeles o son controladas y financiadas por ellos) escarbe mas en la ciénaga y se encontrará con los traficantes de personas y la delincuencia organizada; escuche también a psicoterapeutas especialistas en trauma y a supervivientes. El lobby de la prostitución no habla por nosotras, las prostituidas y exprostituidas! Este lobby consiste en no más de 100 personas, que a nosotras, las 300.000 prostituidas en Alemania, no nos representan, sino que nos intimidan y trabajan contra nuestros intereses.

Nosotras no queremos hacer este “trabajo”. No necesitamos ninguna legalización. No necesitamos a los que sostienen que no queremos registro, ni obligación de usar condón, etc.
Lo preferible para nosotras seria que no tengamos que hacer más este “trabajo”. Y que los hombres que abusan de nosotras fueran castigados. Necesitamos alternativas, no un desenfreno aun mayor de las destructivas y deshumanizantes fuerzas que se mueven en el barrio rojo (y con ello tambien en la sociedad).

Querida señora Schwesig, no hace tanto tiempo que lo dejé: tres años. Con 18 tuve mi primer “cliente”.
¿Sabe lo que a lo largo de los diez años que estuve en la prostitución, en los que he sido golpeada, violada, retraumatizada, despreciada, deshumanizada, enfermada en cuerpo y espíritu, hubiera necesitado mayormente? : Ayuda y una sociedad sensibilizada con el tema, que no me suponga gozando de la vida y divirtiéndome además con todos los abusos del barrio rojo.

No conozco a ninguna prostituta que lo haga libremente. No conozco ninguna exprostituta que no tenga estrés posttraumático. Todas las mujeres que conozco han sido destruidas en la prostitución.
Por favor, no se deje engañar por las mentiras del lobby proxeneta por más tiempo. Hable con personas que no estén controladas por los hombres que se benefician del “abastecimiento” de sus burdeles con víctimas de tráfico de seres humanos y con mujeres traumatizadas o por las mafias que traen a estas mujeres a los burdeles.

Por favor, abola la prostitución, es inhumana e indigna del ser humano. Y si a usted eso no le es posible, coártela tan fuerte como sea posible (registros, etc) . Que no continue más una situación que ha convertido a Alemania en “El Dorado” de puteros y proxenetas. Como ministra no puede desear eso para las mujeres. Esto está pasando cada día, y con ello hay también hombres que torturan, maltratan y aprenden a despreciar a mujeres que no son prostituidas. Está entre nosotros. ¿Sabe usted lo que está pasando en los burdeles y en las casas-burdeles de un par de calles mas allá?

Por favor, no deje de insistir, no se desentienda. Necesitamos una prohibición de la compra de sexo y en el camino hacia ello una fuerte restricción, la más fuerte que pueda imponerse.

Muchas gracias por haber leído mi carta.
Le deseo lo mejor.

Huschke Mau

La alegría de izquierdas ante la prostitución

Traducción: Concha Hurtado

Carta abierta a las juventudes de la Izquierda / Real en relación a su documento de posicionamiento de “solidaridad con los-as trabajadores*as del sexo – No a la nueva Ley de Protección de las prostitutas – no a la tutela y a la intromisión ajena en la industria de servicios sexuales”.

Querida gente de las juventudes de la izquierda real,

Me gustaría apelar específicamente a aquellos de entre vosotros que en el Congreso Federal del 8/9 de abril del año 2016 habéis aprobado la moción “solidaridad con los-as trabajadores*as del sexo   – No a la nueva Ley de Protección de las prostitutas – no a la tutela y a la intromisión ajena en la industria de servicios sexuales”. Estos probablemente no erais todos vosotros, así que hay esperanza.

Soy una antigua, como vosotros lo llamáis, “trabajadora sexual”, he leído vuestra moción y me gustaría compartir con vosotros lo que pienso de vuestra oferta de “solidaridad”.

En primer lugar, está muy bien que hayáis escrito debajo que sois de la Juventud de Izquierda. Cuando he leído la expresión “industria de servicios sexuales”, he pensado por un momento que el FDP (partido neoliberal) había resucitado.

Que estéis contra “la intromisión ajena”, me parece bien de nuevo. Por desgracia, he tenido que constatar a lo largo del texto que no habéis entendido que en la prostitución, la intromisión ajena viene del putero y es inherente al sistema prostituidor, ya que quiere sexo que yo realmente no quiero, solo necesito el dinero, por lo tanto, consiento de forma forzada la intromisión de un extraño, es así de simple.

Escribís:

A pesar de que el trabajo sexual es una forma largamente establecida de prestación servicios presente  dentro de nuestra sociedad y desde 2002 legal en Alemania, los trabajadores-as sexuales están todavía muy estigmatizadas en la vida cotidiana y profesional.

Y yo sólo puedo sorprenderme por el hecho de que denominéis al acto prostitutivo como “profesión” y como “prestación de servicio”. La sexualidad es el lugar más íntimo de una persona, ¿podemos por favor por lo menos conservarlo, o debemos dejarnos explotar TODO y mercantilizarnos por completo? ¿Desde cuándo la izquierda actúa realmente como defensora de la venta de todos los aspectos humanos?

Denomináis la sexualidad como prestación de servicio, como si pudiera separarse del ego, del yo, del cuerpo, de la personalidad, como si una pudiera desprenderse de ella, hacer un paquete bonito, ponerlo sobre el mostrador y luego venga allí un tipo, me da 50 euros, y se lleva el sexo. ¿os lo imagináis de esta manera, verdad? Habláis incluso de “malas condiciones de trabajo”, sí, ¿os referís pues a que el abuso que hemos sufrido y que muchas de nosotras todavía sufre se volverá más agradable si podemos como decís vosotros “conseguir” un bonito “puesto de trabajo”?. “Las condiciones de trabajo”…, ¿qué es esto? ¿Bajo qué “condiciones” el abuso que los puteros nos infligen, sería aceptable para vosotros entonces? ¿O no lo veis para nada como abuso e ignoráis lo que las personas supervivientes de la prostitución y las investigaciones sobre trauma dicen así también?: que el 68% de todas las prostitutas tienen trastorno de estrés postraumático, por no hablar de depresión, adicciones, disociación, psicosis. ¿Creéis que estas cosas vienen de las “malas condiciones de trabajo”, o de qué? Cada superviviente que conozco, describe como abuso sexual lo que ha experimentado en la prostitución. ¡Que nosotras hayamos tolerado o hayamos tenido que tolerar este abuso sexual no lo convierte en ninguna profesión ni mucho menos!

Luego machacáis una y otra vez con en el estigma, que no podemos ser estigmatizadas. Ahí os doy la razón, aunque debo también señalar que no es el estigma el que nos viola, abusa, mata, sino los puteros. Por desgracia os limitáis a la exigencia de que las personas prostituidas no deben ser estigmatizadas, la conclusión equivocada. Escribís:

Esto se refleja en la falta de reconocimiento de su profesión

Pretendéis pues por así decirlo, por dejarlo claro, que el abuso al que están expuestas las mujeres prostituidas se vea consolidado, pretendéis que sea un trabajo, pretendéis que el abuso se dé por BUENO. Corto y claro, que vosotros abogáis aquí por el derecho de las mujeres a denominar la tolerancia al abuso sexual como trabajo. O mejor dicho, abogáis por el derecho de los hombres a abusar de las mujeres y de quitar importancia a los abusos llamándolo “trabajo”. Vuestro disco rayado de un “trabajo sexual autodeterminado” tampoco lo entiendo. Todas las mujeres prostituidas que conozco han “elegido” la prostitución porque no han visto otra opción. ¿que tiene eso de autodeterminado? ¿Que EN LA PROSTITUCIÓN  al menos puedo elegir entre hacer una mamada sólo con goma, y a causa de todas las mujeres menos “auto determinadas” del sudeste de Europa ganar menos, o elegir meter simplemente todas las pollas en la boca, como es lo estándar?  ¡Gran autodeterminación!

Nuestro problema no es la “falta de reconocimiento de la profesión” ¡Nuestro problema es la “profesión”! 9 de cada 10 prostituidas saldría inmediatamente si pudiera. ¡¿Qué os dice esto sobre el reconocimiento de la profesión?!

Vuestro panfleto completo no suena sólo como copiado del lobby pro-prostitución, sino que lo es. Señaláis la BesD como “trabajadoras sexuales organizadas”, tenéis claro que representan sólo el 0,01% de las prostitutas en Alemania y que no pocos de los representantes son propietarios de burdeles ¿verdad? ¿como puede ser una organización de prostitutas si hay propietarios de prostíbulos en ella? ¿Los explotadores fundan un “sindicato”, con el fin de representar a los trabajadores?

En serio, ese es el sindicato más divertido que conozco! A quien más habéis escuchado realmente? Aparte de a los dueños de burdeles como Fricke, y a propietarios de agencias de escorts como Klee? En base a qué información, de la mano de quien tomáis realmente vuestras resoluciones? ¿Que tal si dentro de poco hacéis algo sobre el racismo, os dejáis aconsejar por los neonazis?

Dudo completamente de vuestra capacidad de reflexión cuando llega el siguiente párrafo. Escribís:

Junto a estos empeoramientos legales llega también a menudo en la izquierda social la victimización y tutela de las trabajadores-as del sexo *.

Aquí me pregunto seriamente quien victimiza a las mujeres prostituidas. Los puteros que abusan de nosotras o las que expresan que se trata de un abuso? ¿Queréis impedir que nos convirtamos en víctimas? Eliminad entonces la “clientela”! ¿O queréis solo que la gente deje de EXPRESAR que se nos ha infligido daño en y con la prostitución? Entonces decidlo así y parad de hacer como si las personas que ven la prostitución como inhumana fueran las que nos convirtieran en victimas, ¡pues no son ellas las que lo hacen!

A continuación, escribís:

Así algunos sectores de la izquierda abogan cada vez mas hacia una” prohibición absoluta de la                         prostitución o por el supuestamente avanzado “modelo sueco” porque el trabajo sexual / prostitución                 sería la  expresión del patriarcado por excelencia.

Ahora una pregunta para reflexionar: suena como si vosotros no fuerais de la opinión de que la prostitución es una expresión del patriarcado – Lo he entendido correctamente? Si no es así, entonces ¿de qué es? ¿Por qué el 98% de todas las personas en prostitución son de sexo femenino y casi el 100% de los puteros son del masculino? Y ahora no digáis: eso es así porque vivimos en el patriarcado.

Siguiente:

Sí, el trabajo sexual tiene lugar bajo condiciones dadas en el Patriarcado, por lo que la cuestión de la voluntariedad no es fácil de responder.

Encontráis pues que la prostitución puede existir en otro lugar que no sea el Patriarcado? En serio? Y ¿ qué conclusiones sacáis a partir del hecho de que, como vosotros mismos reconocéis, la cuestión de la voluntariedad es difícil de responder?

Siguiente:

La mayoría que ejerce esta profesión son mujeres*, mientras son sobretodo hombres los que compran los servicios de los profesionales del sexo *.

Que bonito como os ponéis del lado de los agresores y quitáis importancia ahí a la violencia sexual, es una auténtica fiesta.

Siguiente:

La respuesta feminista, no puede sin embargo ser una actitud paternalista que quiera aleccionar a las profesionales del sexo * como tiene que verse una vida apropiada.

Ahora me gustaría preguntaros por favor de dónde habéis sacado ESO . La personas que ven la prostitución como destructiva, como inhumana, no son paternalistas, ¡se solidarizan con nosotras! Que por cierto, eso es exactamente lo que tenéis que hacer vosotros. Y al respecto, nadie alecciona a la mujer prostituida sobre como tiene que verse una “vida apropiada”. Tenéis que dejar ya de una vez la cantinela, de que cualquiera que reconozca la prostitución como nociva seria un moralista conservador que alecciona a “mujeres perdidas”. El reconocimiento de la miseria y el sufrimiento en la prostitución, la constatación de la violencia en ella, todo esto no constituye ningún aleccionamiento, sino un VER las verdaderas circunstancias en las que están atrapadas las personas prostituidas, y con ello ofrecer una muestra de respeto y toma de conciencia hacia aquellas que la sufren dentro y al lado de ellas!

Siguiente:

Tanto en el modelo sueco,  como también en la prohibición completa, se pondría en peligro la autonomía y la protección de los trabajadores-as del sexo * de forma aún más dramática que bajo la legislación                vigente. Ante la existencia del patriarcado con sus roles tradicionales específicos y su desequilibrio de poder social entre mujeres y hombres * el agravamiento de las leyes no cambiaría nada.

¿Por qué eso no cambiaría nada? La prostitución es una piedra angular del Patriarcado, así como toda violencia sexual. ¿Por qué no debería cambiar nada al prohibir su compra? ¿Por qué es la prostitución el único ámbito de la vida, en la que las leyes de repente ya no pueden surtir efecto? ¿Tiene lugar la prostitución en el espacio exterior, o qué? Del mismo modo, se podría argumentar que la violación no debe ser penalizada por la ley – ya que de todas maneras no se podrían alterar los roles tradicionales y el desequilibrio de poder existente! ¿Es que queréis dejarlo todo como está? la violencia sexual, las relaciones patriarcales,¿ lo dejamos todo como está?¿ La izquierda ya no tiene visión? O ¿no tiene visión especialmente cuando se trata de las mujeres prostituidas …?

Sí, yo supongo que vuestra intención es buena. Pero cuando abogáis por la despenalización de la prostitución por la parte del putero (por la despenalización por la parte de las personas prostituidas estamos por suerte todos), es como si dijerais entonces: “Las mujeres que se ven afectadas por la violencia de su pareja, cargan con un estigma. Para eliminar este estigma, despenalizamos la violencia doméstica, también por parte del agresor, por lo cual la mujer ya no tiene que sentirse nunca más avergonzada “¿os dais cuenta de eso?

Quien desde luego no existe en vuestro panfleto, por cierto como siempre, es el putero.

Hacedme el favor, leeros al azar un par de valoraciones en un foro de puteros  y luego compartid conmigo por favor, ¡¡cómo podéis estar a favor de legalizar ALGO ASI!  ¿¡Cómo podéis estar a favor de que los hombres hagan algo así con las mujeres!? Estoy intrigada por vuestra argumentación.

Siguiente:

Quien quiera ilegalizar a las trabajadoras sexuales autónomas * las criminaliza y empuja a  todo el sector a la clandestinidad, donde no se puede salvaguardar ningún tipo más de protección. Para una mejor        protección, los trabajadores sexuales necesitan más autonomía y el reconocimiento social y legal de su profesión. Sólo de esta manera, y como trabajadores reconocidos pueden organizarse públicamente como     parte de la clase trabajadora, para garantizar sus intereses, mejores condiciones de trabajo y seguridad social. La prohibición del trabajo sexual o la penalización de los puteros * (como en Suecia) al final sólo    conduciría a que el trabajo sexual sea invisible e inseguro.

Ahora viene el cuento de la clandestinidad. Por favor leed por una vez la explicación del modelo sueco, que despenaliza la prostituidas y penaliza a los puteros. Y también la evaluación de esta ley en, por ejemplo, Noruega. NO, la prostitución no es una magnitud inalterable. Sí, puede ser reducida. NO, el modelo sueco no empuja a la clandestinidad. Sí, la imagen de la mujer en la sociedad cambia  cuando un sexo no puede comprar al otro. NO, no necesitamos ningún “reconocimiento como profesión,” ¡necesitamos un reconocimiento de la prostitución como ABUSO! Y no, NO somos parte de la clase obrera, ¡somos en primer lugar perjudicadas por abuso sexual a través de la prostitución! Nosotras nos organizamos por ello NO en la clase obrera, sino en asociaciones de víctimas (como por ejemplo Sisters e.V., SPACE Internacional), pero ¡a las cuales vosotros no escucháis! No necesitamos una organización a través de vosotros ni un discurso de vosotros sobre lo que nosotras necesitamos, ¡nosotras mismas nos organizamos, gracias!

Siguiente:

Quien abogue seriamente por una sociedad emancipadora, * debe abogar también por la autonomía corporal y sexual.

La prostitución es exactamente lo contrario a la autonomía sexual. Uno quiere sexo, la otra no. El dinero debe regularlo. La prostitución no tiene NADA que ver con la autodeterminación corporal y sexual, es exactamente lo contrario, ya que todo lo que hago lo determina el PUTERO, y por lo tanto está determinado por un extraño. Lo que me enerva, realmente me enerva, es vuestro tonto discurso sobre la liberación sexual, poniendo al mismo tiempo a la prostitución como un ejemplo de ella. ¡Dejadnos fuera de eso, no nos vamos a dejar utilizar! ¡¡Haced vuestra propia liberación sexual, no necesitáis apropiaros de nuestro abuso y disfrazarlo para ello!!!

A continuación, me gustaría pediros que por una vez leáis, ya que después también sabréis, que la prostitución forzada no se puede separar nunca de la prostitución como a vosotros os gustaría! En primer lugar, los límites son borrosos y en segundo lugar, nunca habrán suficientes mujeres que lo hagan “voluntariamente”, una buena parte tendrán que ser siempre forzadas para satisfacer la demanda, es decir, quien quiera prostitución, tiene gustarle la prostitución forzada porque no hay una sin la otra. Y por cierto, quien esté a favor de despenalizar y legalizar la prostitución por completo, está a favor de que el mercado lo regule todo, y eso significa: que si la demanda crece, la oferta crece, la demanda crece por el acomodamiento de los hombres a ser puteros, la oferta sigue creciendo y así, es una espiral ascendente, ¿habéis leído realmente alguna vez algo sobre las reglas básicas del capitalismo, cuando queréis tener a la mujer como mercancía de negocio, en un sistema totalmente desregulado y descontrolado?

Siguiente:

Además se debe aplicar la Ley de asilo de manera que a las mujeres inmigrantes forzadas a la prostitución ya no se las amenace con la deportación, sino que obtengan permiso de residencia y de trabajo. Con esta resolución queremos dirigir nuestro foco principalmente a aquellas trabajadoras sexuales que están limitadas en su autonomía corporal, en su salud y en sus derechos en el trabajo diario por las leyes vigentes en su actividad como profesionales del sexo – a la parte que autónoma y conscientemente ha decidido el ejercicio de servicios sexuales y eróticos.

Ya, ¿y esas cuántas son? 1 de 10. Como máximo. ¿Y con ellas queréis lograr transformar la situación de TODAS las mujeres prostituidas en Alemania? Es que el resto os da igual, o qué? ¿A quién de BesD, de los explotadores de ahí, habéis estado escuchando? A las del 90% de inmigrantes que tenemos aquí, totalmente seguro que no, ya que para nada están representadas ahí, y ¡también tomáis parte de esta mierda racista! La inmensa mayoría simplemente NO es propietaria de prostíbulo, ni puta de lujo, ni dominatriz, ¡la inmensa mayoría no habla alemán! ¿Cuán ignorante se puede ser? La prostitución es clasista y racista, ¿que creéis?, ¿por qué tantas mujeres de minorías étnicas o rumanas están dentro aquí en Alemania ? ¿Qué creéis, de dónde viene tal cosa?

Y después publicáis en Facebook llamamientos a las manifestaciones contra el racismo? Me río, ¡me río bien alto!

Siguiente:

Por lo tanto, creemos que un feminismo que crea seriamente en la autonomía de la mujer y la sexualidad, debe luchar también por los derechos y las reivindicaciones de las asociaciones de los trabajadores del sexo *. La federación regional de Bremen de la juventud izquierda [ real] se declara comprometida con un feminismo tal y avala el fortalecimiento legal de los trabajadores del sexo *  y se solidariza con sus luchas.

¡Con nuestras luchas NO os solidarizáis para nada, al denominar la violencia sexual como una profesión, IGNORÁIS a la inmensa mayoría de nosotras y llamáis a la prostitución autodeterminación sexual y corporal!

Realmente me pregunto, de qué diablos estáis hablando? ¡Volved a la realidad! Y si no os solidarizáis con nosotras, porque os gusta escuchar a los explotadores, ¡dejadnos por lo menos en paz y no aprovechéis para hablar por nosotras! Vosotros nunca habéis arriesgado vuestro propio culo, vosotros no estáis en la prostitución, o sea, para recordároslo,  vosotros tenéis realmente un PRIVILEGIO con ella, y ¡¿luego os sentáis tan a gusto ahí en vuestra federación regional de Bremer y en el Congreso federal y decís bla bla bla sobre reconocimiento como PROFESIÓN?!  ¡¿De qué vais?!

Aquí, en Sisters e.V. viene cada semana al menos una mujer, que ya ha salido de la prostitución (¡aparte de las que contactan con nosotras porque quieren salir!), y nos cuenta que está hablando sobre esto por primera vez, porque la sociedad siempre le sermonea que sería una PROFESIÓN y un TRABAJO y un EMPLEO y todo el trabajo sexual feliz y super estupendo, así que los daños que ha padecido en la prostitución, por consiguiente, debe tener que concluir que son por culpa de que ¡hay algo EN ELLA que no está bien! Justamente de este clima social sois responsables gente como VOSOTROS. Por culpa de lo que vosotros les contáis, las supervivientes no hablan. También a mi me ha pasado, a causa de tipos de textos como los vuestros que durante años nos han usurpado la voz, porque como prostituta ¡ni siquiera se sabe por dónde EMPEZAR cuando se lee algo así!

La prostitución es sexista, racista y clasista, y luego venís de ahí, os dejáis persuadir por dueños de burdeles, propietarias de agencias de acompañantes, ¿y nos explicáis sobre liberación sexual? ¡¿Y os consideráis de IZQUIERDAS?! ¡No podéis ir en serio! ¡No puede tratarse por ningún motivo de organizar lo más agradable posible un sistema tan sexista, racista y clasista como la prostitución! ¡¿a quién exigís algo así?! ¡Un sistema así debe ser ABOLIDO! ¡Tenéis que entender que el apoyo a las mujeres en la prostitución NO es lo mismo que el apoyo al sistema de la prostitución!  ¡Este sistema debe ser superado y no establecido y “reconocido como profesión”! ¡Se os puede alabar al máximo lo exacto que lo habéis copiado del lobby proxeneta!  ¡Muy bien hecho!

En serio: Así es vuestra solidaridad con nosotras? Verguenza debería daros,  y gracias, pero ¡¡¡la rechazamos !!!
Huschke Mau    (huschke.mau@web.de)

Cofirmante para las supervivientes en Sisters e.V.

Annalena, superviviente

Sonja, superviviente

Sandra, superviviente

Sunna, superviviente

NaDia, superviviente

Andra, superviviente

Esther Martina, superviviente

Eva, superviviente

PD: cuando hayais decidido que os interesa la opinión de las mujeres de la prostitución que no sean explotadoras y no querais seguir creyendo los mitos sobre el modelo sueco, entonces podeis contactarnos. Hablar siempre es bueno.